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30
Oct
12

Seres de luz

 

Cuando Fernando Lavoz me contó la idea que tenía de realizar talleres de arte en pequeñas escuelas de Temuco, no me quedó otra opción que sumarme a su proyecto por el sólo hecho de reconocer en esto esas oportunidades que nos da la vida y que difícilmente se vuelven a repetir. Después de apoyar las marchas Mapuche en Temuco y Angol partimos una mañana por un largo y hermoso camino distante un par de kilómetros al punto de encuentro con Claudia Araya y Mabren Figueroa, 2 profesoras que nos llevarían en su auto a la escuela “Guido Bucher”, sector de Maquehue donde compartimos un desayuno con olor a amistad, compañerismo y complicidad para volcarnos de llenos a nuestros pequeños alumnos a quienes sólo les debíamos cariño y dedicación. Esperamos no haber fallado en eso.

Mientras los veía pintar escuchando las indicaciones de Fernando, comprendía que una témpera y unos pinceles pueden hacer la diferencia entre la comunicación y el desarrollo de un corazón inquieto por aprender y de surgir a pesar de las dificultades que el sistema educacional pone en sus caminos, descubriendo en sus miradas la pureza de la naturaleza que aun esconden y se mantienen vírgenes e impregnada en sus sonrisas que nos delatan en cada gesto inocente, que ellos son niños especiales.
Partimos al día siguiente a la Escuela de Puala, sector de Curarrehue, lugar mágico incrustado en medio de un paraíso tan bello como inhóspito. Aquí, junto a Fernando e Inche Ancavil, hacemos un cambio en la forma de realizar el taller introduciendo la magia de un cuento. Por un momento Caícaivilu y Trentrenvilu se entablaron en una lucha diferente, la de capturar la imaginación de un grupo de niños maravillosos y desplegar los colores de sus inquietas mentes. Con la mirada puesta en la naturaleza trabajamos juntos a ellos para plasmar las serpientes, Pillanes y volcanes que brotaban de sus ojos. Sus rostros reflejan la alegría y la necesidad de sentirse acompañados, no solo de unos tíos caídos del cielo, sino pidiendo en silencio que los beneficios básicos del sistema educacional alcance para ellos también ya que este pareciera haberlos olvidado entre bosques de alerce, niebla y lava volcánica. Aquí no se marcha por gratuidad sino porque el olvido no se instale para siempre en su pequeña sala de clases.
La última escuela fue la de Francisco Valdés Subercaseaux en Curarrehue donde el 2º básico de la tía Elisa Contreras nos recibe con la emoción infinita de escucharlos cantar en mapudungun. Momento mágico e inolvidable hasta hoy. Atrapados por su almas inquietas comenzamos a disfrutar no sólo de sus colores, sino de sus afectos y apegos, de su desorden, sus historias y de la promesa de volver pronto.

Salimos adelante sintiéndonos honrados y con el corazón hinchado de humildad por el privilegio de haber dado un matiz diferente, no sólo a un cuento, sino a pequeñas personas que no olvidarán nunca que un día, Caícaivilu y Trentrenvilu lucharon para salvar la luz de sus pequeños corazones resguardados por ancestros que gobiernan sus destinos y, con seguridad desde hoy, los nuestros también.
Agradecer la colaboración de las profesoras, verdaderos apóstoles de la educación que entregan día a día sin importar clima ni enfermedad, no solo sus conocimientos, sino su amistad. A Inche Ancavil, por su alegría y entrega sin medida. Sin ella está experiencia no habría sido realidad y a Fernando Lavoz, quien demostró que la mejor imagen es la que se queda para siempre en nuestra retina.

Textos y fotos de Inche Ancavil, Fernando Lavoz y Andrés Bravo / AFI Santiago.

 

Marri marri kom pu lamngen, marri marri kom pu che. Pigen Inche Ancavil, mongen Lof José Ancavil, Makewe, Temuco.

La verdad, ésta experiencia a sido lejos la más gratificante a lo largo de mi vida por muchas razones… una de ellas, la más importante siento yo, es la similitud de experiencias de vida entre éstos pequeños seres de luz con la mía propia, porque también “estudié” en una escuelita donde éramos varios niveles en una misma sala con un mismo profesor.
Puala es eso, lunes martes y miércoles se dividen los cursos primero y segundo con la tía Macarena Garrido, tercero y cuarto con la tía Mauren, gran amiga por cierto. Los jueves y viernes la tía Mauren se hace cargo de todos los niveles en una misma salita muy decorada e iluminada.
Estos seres de luz como los llamo nos recibieron eufóricos, pues sabían de nuestra visita, corrían llamando a las tías, avisando que ya estábamos ahí. En este lugar no hay espacios para el morbo ni la maldad, los besos y arrumacos son necesarios en todo momento del día y nos lo hicieron saber con esas dulces miradas, sonrisas y caricias.

Dibujaron el Trentrenvilu y Caicaivilu emocionados y sonrientes mientras el tío Andrés se explayaba contándoles la historia… Tener niños de diferentes edades pensé sería más difícil, pero no. Aquí hay timidez, inocencia, pureza aún. Sus casas alejadas del pueblo entre Curarrehue, Puala, y Trancura, rodeado de montaña Las Peinetas, Colmillo del Diablo, volcán Lanin, no dan mucho espacio ni siquiera para un celular.

En Curarrehue ​el curso de la tía Elisa, un segundo básico, 33 seres de luz, un poco más despiertos por el solo hecho de estar en un pueblo, pero no dejan de ser más inquietos, más curiosos y nos sorprendieron, si!! cantaron todos a coro en mapudungun robándome lagrimas y suspiros de pura alegría. En éste cursito conocimos niños como Facundo, nacido en Argentina (la distancia de Curarrehue hasta el otro lado de la cordillera debe ser alrededor de 60 kilómetros) pero ahora vive en éste pueblito. También, Juanito, pequeño yerbatero, vive con su abuela porque su mamá trabaja en Santiago para poder ayudarles… él a su corta edad ya sabe de medicina, pues su abuela ha traspasado sus conocimientos de los tipos de yerbas y para que sirven…. Otro caso es el de Julio, que nos hizo reír con sus historias campestres… tales como que se pone al pie de la vaca para tomar su desayuno.

Resumiendo, ví y sentí mucho amor ahí, seres que a pesar de no tener “recursos educativos” tengo certeza que serán grandes hombres y mujeres por estar donde están, por tener algo que quizás aún no comprenden. Por ser eso…seres de luz.

Texto de Inche Ancavil.

 

 

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